viernes, 4 de abril de 2014

Los 10 mejores hoteles de diseño de España




 
Los 10 mejores hoteles de diseño de España

Dicen que para gustos los colores y que hay gustos que son disgustos, pero finalmente el buen diseño siempre se abre paso. Y cuando se trata de hoteles, la opinión de los clientes es vital... al igual que su concepto del diseño. El comparador de precios Trivago.es ha seleccionado, en función de esas valoraciones, el Top10 de los mejores hoteles de diseño de España.

1. Hotel Iriarte Jauregia (Guipúzcoa, Euskadi)

El hotel Iriarte Jauregia está ubicado en un palacio del siglo XVII, rodeado del valle conocido como El Balcón de Guipúzcoa, a 30 minutos del centro de Donostia. Pasado y presente se fusionan en un diseño interior que combina muebles antiguos, obras de arte y elementos nobles como madera, piedra y hierro de manera natural. Cada una de sus habitaciones tiene una decoración propia que conserva vestigios del palacio, como vigas, muros y suelos.

2. Don Gregorio (Salamanca, Castilla y León)

Este palacio del siglo XV perteneció al caballero Antonio Mangas Villafuerte y más tarde a la familia de Don Gregorio Diego Curto, de quien el hotel recoge el nombre. El palacio ha sido testigo del paso del tiempo y en sus muros encontramos recuerdos y sensaciones que se remontan siglos atrás acercándonos a la Salamanca barroca. Sus habitaciones están diseñadas individualmente y cuentan con espejos del siglo XVIII, aparadores Art Déco y vistas al Convento de San Esteban o a la Torre del Marqués de Villena.

3. Hotel Palacio de Guendulain (Navarra, Pamplona)

Edificado a mediados del siglo XVIII por orden del Virrey de Nueva Granada, el Palacio Guendulain es uno de los edificios emblemáticos de Pamplona. Luis Felipe de Gaztelu, arquitecto responsable de la rehabilitación, reivindica una nueva manera de entender el lujo al prescindir del barroquismo que caracteriza los edificios históricos. Los baños y otras zonas comunes del hotel, modernos y funcionales, son el contrapunto al estilo del resto del hotel de estilo clásico. En combinación con la firma francesa de champagne Taittinger, el hotel dispone un salón bar con terraza con propuestas gastronómicas sorprendentes.

4. Hotel Calle Mayor (Logroño, La Rioja)

En el centro de Logroño, se encuentra el hotel Calle Mayor, un restaurado palacete del siglo XVI. El arco de medio punto que sirve de acceso al hotel, las piedras de sillería, vigas de madera, rejas y barandillas de forja se entremezclan con el diseño minimalista y toques frescos de color en sus habitaciones que se asoman al centro histórico de la ciudad.

5. Hotel Bohemia Suites and Spa (Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias)

Este hotel es un sofisticado oasis rodeado por la belleza volcánica de Gran Canaria. Su diseño, obra de Pia Schmid, reconstruye la barrera entre el interior y el exterior y combina un lujo moderno con espacios multifuncionales. Sus habitaciones cuentan con la última tecnología (TV Loewe, sistema surround cinema, iMac) y balcones amueblados hasta con camas. El hotel dispone del Siam Spa, diseñado por el equipo de arquitectos tailandés P49. En la azotea del hotel se encuentra el Restaurante 360º, otra de las joyas de este establecimiento.

6. Hotel Neri Relais & Châteaux (Barcelona, Cataluña)

El establecimiento ocupa dos históricos edificios, un magnífico palacio medieval y un edificio de piedra parcialmente destruido durante la guerra civil del que se recuperó el patio y los esgrafiados originales de la fachada. Su interiorismo es obra de la interiorista Cristina Gabás que, con la colaboración técnica del arquitecto Juli Pérez-Català, consiguió integrar perfectamente el diseño con las estructuras y materiales originales creando una atmósfera cálida y vanguardista.

7. Caro Hotel (Valencia, Comunidad Valenciana)

Se autodenomina como el primer hotel-monumento de Valencia porque alberga elementos de las culturas que dejaron huella en la ciudad, como algunas piezas del Circo Romano, un mosaico y restos de la muralla árabe de Valencia. También conserva los arcos y la escalera originales del antiguo Palacio del Marqués de Caro. El arquitecto Francisco Jurado y el interiorista Francesc Rifé hicieron un gran trabajo por respetar e integrar todos estos elementos aportando al mismo tiempo un aire contemporáneo al hotel.

8. Hotel Atrio (Cáceres, Extremadura)

El hotel Atrio está ubicado en la histórica plaza de San Mateo, en pleno casco monumental de Cáceres. Los arquitectos Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla son los autores de su construcción que ha recibido el reconocimiento FAD de Arquitectura e Interiorismo (2011) y el premio internacional BigMat (2013) por la combinación armoniosa entre la realidad patrimonial, contemporaneidad y racionalidad. Sus propietarios han aportado una colección de arte contemporáneo con obras de Saura o Warhol entre otros.

9. Vincci 66 (Madrid)

El hotel Vincci Vía 66, está situado en plena Gran Vía y fue renovado en 2007. Su estilo recuerda a los escenarios y la vida entre bambalinas de principios del siglo pasado, combinando la elegancia y majestuosidad de la época con la vanguardia de nuestros días. La escalera de caracol de mármol, los ascensores de forja, las vidrieras y las fotografías relacionadas con el mundo del teatro, dan paso a unas amplias habitaciones, repletas de luz y motivos decorativos actuales y sofisticados.

10. Eme Catedral Hotel (Sevilla, Andalucía)

Está situado en pleno corazón de la Sevilla histórica. El hotel es el resultado de la rehabilitación de 14 viviendas típicas sevillanas del siglo XVI que dan lugar a una interesante diversidad de volúmenes y niveles, creando habitaciones únicas, marcadas por un carácter íntimo y con equipación de lujo. Sandra Tarruella e Isabel López firman el interiorismo del hotel que combina materiales como la piedra, la madera natural o el hierro con artesanías de Sevilla. La luz natural tiene un especial protagonismo en el hotel.



Fuente: El Economista



jueves, 3 de abril de 2014

Nueva York para principiantes




 
Nueva York para principiantes

Para todos aquellos que aún no conocen esta megaurbe pero tienen pensado hacerlo algún día, estas son las atracciones, actividades y los museos que no pueden perderse si quieren obtener un retrato completo de Nueva York

Leyenda. Al menos una vez en la vida hay que visitar la ciudad que nunca duerme, metrópoli suprema, capital gastronómica del mundo, auténtico crisol de culturas. Lejos de envilecerla, a esta ciudad los clichés la ensalzan. Porque Nueva York, y bien lo saben quienes la conocen, es tan fascinante como adictiva.

De cine. Pocas ciudades hay más retratadas por el Séptimo Arte que Nueva York. Se pueden realizar tours guiados por las localizaciones más famosas o bien improvisar una ruta que nos lleve, por ejemplo, frente al escaparate de Tiffany's en la Quinta Avenida como ya lo hiciera Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes; al restaurante Katz (atención a su bocadillo de pastrami) donde Sally se las hizo pasar canutas a Harry; a la alcantarilla que hizo famosa a Marilyn en La tentación vive arriba (calle 52 con Lexington Av.); o el parque de bomberos de Los cazafantasmas en el 14 de North Moore Street.

Gastronomía. El apartado culinario tampoco decepciona. Se pueden encontrar restaurantes de cocina de cualquier rincón del mundo. Una de las últimas incorporaciones ha sido el mercado gourmet italiano Eataly. Si quiere probar los cupcakes, Sprinkles (Lexington Ave. entre la 60th y 61st) tiene delicias como los Red Velvet. Dicen que las tarta de queso de Juniors y Nolita son imbatibles. Y en el apartado de hamburguesas (Shake Shack, The Spotted Pig, Club 21) y pizzas (Joe, Lombardi, Motorino) hay tanto para elegir que lo mejor es dejarse llevar. Tampoco puede irse de Nueva York sin haber probado el típico bagel and a schmear (un bagel con crema de queso) y un perrito caliente (legendarios los de Nathans en Coney Island).

Compras. En una ciudad tan devota del shopping hasta los más reticentes sucumbirán a los espectaculares escaparates de Madison y de la Quinta Avenida (si busca marcas exclusivas y firmas de renombre internacional) o de la parte baja de Broadway Street (en la imagen) si lo que busca son vaqueros y calzado deportivo a buen precio. Los auténticos chollos se encuentran en outlets como Century 21 (en la zona cero y en el Upper West Side) y en mercadillos como el Young Designers Market (cada fin de semana en NoLiTa). Hay almacenes emblemáticos como Macys o Lord and Taylor y, si viaja con niños, dos clásicos que no fallan son FAO Shwartz (la del piano gigante que toca Tom Hanks en Big) y el Toys R Us en Times Square (con noria incluida).

Empire State Building. La quintaesencia de los rascacielos despunta en el skyline de Manhattan desde 1930. Construido en apenas un año y cuarenta y cinco días, es el emblema de Nueva York y el modelo en el que se inspiraron otros tantos rascacielos levantados a su alrededor. La entrada permite el acceso a la planta 86, aunque por algo más se puede llegar hasta la 102.

Top of the Rock. Cada vez son más los que deciden subir a lo alto del Rockefeller Center para admirar el skyline de Nueva York con la silueta indiscutible del Empire State. Inaugurado en plena Gran Depresión, el conjunto mandado construir por Rockefeller Jr. consta de 19 edificios: el mirador se ubica en la sede de la NBC, una torre de 70 plantas. Mejor, al atardecer.

Rascacielos. El Empire State Building es la silueta más reconocida pero le siguen a la zaga el edificio Chrysler (izquierda) y elFlatiron (derecha). El primero es una fusión espectacular de estética neogótica y art decó, rematado con gárgolas de acero que vigilan a los viandantes desde las alturas. Por su parte, el Flatiron Building destaca por su planta triangular que recuerda la proa de un barco. El mejor lugar para contemplarlo es en la isleta al norte de 23rd Street, entre Broadway y la Quinta Avenida.

Terrazas. Desde restaurantes hasta bares de temporada o cafeterías de museos, Nueva York sabe sacarle partido a las alturas. Algunos de los locales más cool están encaramados a las azoteas con mejores vistas de la ciudad. ¿Ejemplos? El Rare View (bar y restaurante de aspecto tropical -tumbonas incluidas- en el Shelburne Hotel), el ultramoderno Gansevoort Hotel en el Meatpacking District, Terrace 5 (la cafetería de verano del MoMA) y la terraza del MET (para brindar con champán), el Yotel...

Estatua de la Libertad. La dama abanderada de la libertad y uno de los mayores iconos de Nueva York está formada por 350 piezas de cobre que fueron trasladadas desde Francia y ensambladas para su inauguración en 1886. Una de las formas gratuitas de contemplar la estatua desde cerca es tomando el ferry de Staten Island, un recorrido de 25 minutos donde también se atisban Ellis y Governors Island.

Ellis Island. Los antepasados de prácticamente la mitad de los estadounidenses pasaron por las puertas de esta isla que servía decoladero para los inmigrantes que llegaban en su mayoría del Viejo Continente. Pese al sobrenombre de la Isla de las lágrimas, solo un dos por ciento fue enviado de vuelta a su país. El Ellis Island Museum era el edificio donde se recibía y examinaba a los recién llegados antes de autorizar su entrada.

Puentes. Sin ellos hubiera resultado complicado -que no imposible- convertir los cinco distritos (Manhattan, Brooklyn, Bronx, Queens y Staten Islands) en esa gran capital del mundo que es Nueva York. Cordones umbilicales de acero y piedra, los más fotogénicos son los nueve puentes que rodean Manhattan cual cabellos de Medusa. El de Brooklyn no necesita presentación pero no desdeñe el de Manhattan (con la mejor perspectiva para fotografiar al primero), el de Queensboro (izquierda) o el de Williamsburg (derecha).

Wall Street. La sede simbólica del capitalismo occidental debe se nombre a la muralla de madera construida por los colonos holandeses en el siglo XVII para proteger Nueva Amsterdam de los ataques indios y británicos. Merece la pena explorar el distrito financiero a fondo: visitar Sain Paul's Chapel, la Trinity Church, Fraunces Tavern (a la izquierda), almorzar en Stone Street -la primera calle pavimentada de la ciudad-, visitar el 9/11 Memorial diseñado por Michael Arad y terminar en Battery Park.

Street food. O lo que es lo mismo, puestos callejeros de comida para llevar. Los hay de todo tipo: cocina caribeña, belga, italiana, griega, china... Son muy populares los Mud Trucks (café muy decente), los helados de Mister Softee y las dosas (una especie de crepes) de Nueva York Dosa. Muchas empresas tienen web donde indican la ruta y el horario de sus camiones/carritos.

Central Park. No lo dudes si amanece despejado: alquila una bicicleta y recorre este inmenso parque de punta a punta, haciendo un alto a orillas del lago para disfrutar de un picnic a la sombra de los árboles. Sus rincones más emblemáticos son el jardín de Strawberry Fields, dedicado a John Lennon; el Literary Walk y el pasaje arqueado de Bethesda Terrace; el restaurante Loeb Boathouse; el teatro de marionetas The Swedish Cottage...

Chelsea Highline. Las ruinas de un sistema de transporte elevado de la época de la Gran Depresión que circula a lo largo de Tenth Avenue se ha convertido en un parque elevado con miradores, divanes de madera y gradas para improvisar un picnic con las delicias gourmet del vecino Chelsea Market o esperar a la llegada del atardecer. La experiencia no decepciona.

Hudson River Park. Este agradable paseo marítimo a orillas del Hudson ofrece conciertos espontáneos de jazz en verano y ofrece vistas de las vecinas Hoboken y Nueva Jersey. Claro que el capítulo de parques no termina aquí: Bryant Park y Gramercy Park (este último de acceso privado, aunque se puede atisbar a través de la verja) son otros dos rincones arbolados y apacibles de Nueva York.

Times Square. Intensa, cegadora, multitudinaria, hiperactiva... y un tanto hortera. Pero fiel estampa del Nueva York del imaginario colectivo: marquesinas de Broadway, centelleantes luces de neón, ríos formados por cientos de taxis amarillos y miles de turistas. Bastan cinco minutos en las escaleras elevadas de nuevo cuño que se alzan en el centro para captar la esencia de esta intersección entre Broadway y la Séptima. El distrito de los teatros, por cierto, tiene en cartelera los mejores musicales del momento. La de El rey león es un clásico si viaja con niños, aunque la oferta es enorme. Si quiere conseguir entradas de último minuto, hay tres puestos deTKTS (Times Square, South Street Seaport y Brooklyn) donde se pueden conseguir con descuentos de hasta el 50 por ciento.

Naciones Unidas. El complejo de la ONU que ocupa siete hectáreas a orillas del río East se considera territorio internacional y queda fuera de la jurisdicción tanto de la ciudad como del estado. La visita guiada (en doce idiomas) permite acceder a la sala de sesiones de la Asamblea General así como exposiciones especiales y una colección de arte procedente de los países miembros. Quien quiera exprimir la experiencia puede almorzar en su comedor de los delegados y enviar una postal desde su oficina de correos, con un sello especial de su país de origen.

Galerías de arte. Tanto Chelsea como el Lower East Side han dejado atrás su aséptico pasado industrial para reconvertirse en mecas del arte. Los fines de semana muchas sacan algunas de sus obras a la calle y reúnen a una multitud de amantes de las vanguardias, cazatendencias y artistas en ciernes.

Espectáculo. Nueva York es puro espectáculo. Ya sea en sus calles donde bandas y solistas improvisan números para solaz de los viandantes. En las iglesias de Harlem con sus misas gospel. O en conciertos de jazz como los del club Birdland en el Midtown o los del Lincon Center.

Catedral de San Patricio. Parte de la majestuosidad de esta iglesia de agujas góticas se la debe a su ubicación, en mitad de una de las arterias comerciales más famosas del mundo: la Quinta Avenida. A destacar su rosetón y un altar diseñado por Tiffany&Co.

Estación de Grand Central. Junto con el Empire State Building, el edificio Chrysler y el Waldorf-Astoria es una de las construcciones más majestuosas en el corazón de Manhattan. Más que una estación de trenes, Grand Central ha sido galería y escuela de arte, museo, monumento histórico y una mina de información sobre la historia de Nueva York. Destacan su flamante mercado de productos delicatessen y los bares Campbell Apartment (al que se accede por el ascensor art decó del vestíbulo) y Oyster Bar (hasta 30 variedades de ostras).

Museo de Ciencias Naturales. El American Museum of Natural History es uno de los más impresionantes del mundo en su categoría: desde el Tyrannosaurus rex hasta la réplica de 28 metros de una ballena azul, sus cientos de dioramas o el flamante planetario donde se proyectan películas IMAX como Journey to the stars.

Metropolitan Museum of Art. Más conocido como el MET, alberga dos millones de obras de arte y su colección permanente cubre casi todos los estilos imaginables de los últimos 5.000 años, desde piezas egipcias hasta instalaciones contemporáneas. Es imprescindible llevar un mapa para no perderse dentro del recinto.

La galería egipcia del MET incluye jeroglíficos, esfinges, joyas y tumbas. La pieza central es el templo de Dendur, un enorme altar nubio del año 15 a.C. situado en una sala acristalada.

Museum of Modern Art (MoMA). Desde 1929 este museo expone el mejor arte moderno de finales del siglo XIX y del XX: postimpresionismo, cubismo, surrealismo, dadaísmo, expresionismo abstracto y arte pop. Entre sus obras épicas, La noche estrelladade Van Gogh, La Danza de Matisse y Las señoritas de Avignon de Picasso. Está abarrotado los fines de semana.

Biblioteca Pública de Nueva York. El paraíso de los bibliófilos está construido en mármol y es de acceso gratuito. Hay dos visitas guiadas al día de lunes a sábado que explican de forma minuciosa el origen, la historia y las curiosidades de este templo del saber. La Rose Main Reading Room (en la imagen) con su artesonado y dimensiones es sencillamente espectacular. En verano cuenta con una terraza que se asoma a Bryant Park (otro must see de la ciudad).

Circle Line. De todas las atracciones turísticas tradicionales esta es una de las más agradables. Los barcos turísticos de Circle Lineofrece dos alternativas: un crucero de tres horas alrededor de todo Manhattan que muestra los cinco distritos o boroughs, tres ríos, siete puentes y una veintena de lugares históricos destacados; o bien el circuito de dos horas que traza un semicírculo en torno a la Gran Manzana al anochecer. Importante en cualquier caso tener a mano la cámara (o el smartphone).

Baloncesto. La alternativa a los trepidantes (y por lo general caros) partidos de la NBA en el Madison Square son las pachangas que se disputan en cualquier parque cuando hace buen tiempo. Los mejores partidos al aire libre se celebran en las pistas de West 4th Street y en el Tompkins Square Park. Y prepárese, porque aquí también los hay capaces de hacer mates de 360 grados.

McSorleys Old Ale House. Como antídoto a la plétora de cafeterías y bares de vanguardia que proliferan en la ciudad, proponemos esta lóbrega taberna abierta desde 1854 y una de las más antiguas de Nueva York. Situada en el East Village, muy cerca de St. Marks Place, en ella sólo fabrican (y sirven) dos tipos de cerveza: rubia y negra. Y además hay que comprarlas a pares.

El Village. Esta zona del West Village entre el río Hudson y Seventh Avenue nos gusta por su historia bohemia, sus residentes célebres, sus encantadoras boutiques y sus calles, que rompen el esquema de cuadrícula del resto de la ciudad. Tome nota, porque estas son las mejores: Bank, Commerce, Perry, Gay, Barrow, Charles y Morton.

Bronx. Además del nuevo estadio de los Yankees se puede pasear por Arthur Avenue -la calle principal del barrio italiano más grande de NY (en comparación Little Italy parece de juguete)-, visitar el majestuoso cementerio de Woodlawn, la casa de Edgar Allan Poe, el Jardín Botánico, el zoo... Empresas como MCNY Tours ofrecen rutas guiadas sensacionales (pero sin sensacionalismo) para descubrir este barrio injustamente denostado.

Roosevelt Island. Si dispone de tiempo, el teleférico de la 59th con Second Avenue que une Manhattan con la pequeña (y anodina) isla de Roosevelt merece la pena porque permite disfrutar de una vista aérea de Queens y Brooklyn, además de una perspectiva diferente del río East y la Gran Manzana. Se accede con la tarjeta de MetroCard.

Coney Island. A una hora en metro desde Lower Manhattan, esta península invita a un viaje en el tiempo al más puro estilo Cuéntame. Tuvo su época de esplendor a comienzos del siglo XX, cuando se creó como retiro vacacional de la clase trabajadora y de aquellos tiempos tan solo ha retenido la playa y un parque de atracciones con una noria y una montaña rusa míticas (la Wonder Wheel y el Cyclone respectivamente). De nuevo cuño son las atracciones infantiles y un paseo marítimo que lleva hasta Brighton Beach, donde excéntricos jubilados rusos juegan al ajedrez con vistas al Atlántico.


Brooklyn. Es uno de los distritos más pujantes de Nueva York y el que más turistas recibe después de Manhattan. Todo por obra y gracia de enclaves como el Jardín Botánico, el Brooklyn Bridge Park o esa meca hipster llamada Williamsburg... Sin olvidarnos del mítico puente. Crúcelo andando y al anochecer, con el reflejo de las luces en el agua, pero atento a los ciclistas, porque circulan a toda mecha y sin contemplaciones.

Más información sobre estos y otros enclaves de Nueva York en www.nycgo.com



Fuente: OchoLeguas




Los aeropuertos más increíbles del mundo



Los aeropuertos más increíbles del mundo

De Nuevo México a Noruega, pasando por Londres y acabando en Mumbai, estos son ocho aeropuertos que quitan el hipo. En ellos, quizás, no querremos que nuestro avión despegue.

1. El puerto espacial América (EEUU)

Es el primer puerto espacial privado del mundo. Está en Nuevo México y lo ha diseñado el estudio de Norman Foster para albergar a los turistas espaciales de Virgin Galactic. El paisaje en el que se enclava es tan extraterrestre como el viaje que aguarda y el edificio, de escaso impacto medioambiental, no iba a quedarse atrás: sus deliberadas formas sinuosas buscan expresar el misterio que impone el viaje sideral. Está previsto que comience a funcionar a finales de este año. Eso sí, hay como mil personasen lista de espera.


La base de Virgin Galactic

2. La puerta del Ártico (Noruega)

El pasado septiembre el Parlamento noruego dio luz verde a la construcción del primer aeropuerto en el país escandinavo en los últimos 40 años. Se trata de la llamada puerta del Círculo Polar Ártico, un aeródromo que han diseñado los británicos Haptic junto con Nordic para la región de Helgeland. Inspirado en la espectacularidad del paisaje, concretamente en su costa y la montaña de las Siete Hermanas, imagínese cómo será despegar entre auroras boreales.

En el Círculo Polar Ártico


3. El hub del Támesis (Reino Unido)

Lord Foster no ceja en crear utopías en Londres, la ciudad de los prodigios. Un ejemplo es su Skycicle -220 kilómetros de carril bici suspendidos en el aire- y otro la espectacular propuesta para aterrizar en pleno Támesis, concretamente en su estuario, a 55 kilómetros de la capital. El proyecto incluye no sólo aeródromo con cuatro pistas -que el alcalde Johnson ha solicitado a Zaha Hadid-, sino también puerto de carga y conexión ferroviaria con el norte de Gran Bretaña y la Europa continental.

Aterrizar en el río Támesis.

4. Terminal 1 de Saint Exupéry (Francia)

Al Principito le renuevan su aeropuerto con una nueva terminal a cargo de Rogers Stirk Harbour + Partners -el estudio de Richard Rogers que ya firmó la T4 de Barajas-. Con ella se aspira a duplicar el aeropuerto, y así la ciudad de Lyon y su departamento podrán recibir a 15 millones de pasajeros en 2020. De forma circular, su centro lo ocuparán jardines y tiendas. Vive la France!

Renovada terminal en Lyon.



5. La actual Puerta de la India (Mumbai)

Los británicos entraban a su entonces Bombay por Colaba, pero la Mumbai del siglo XXI se siente orgullosa de la nueva terminal -la 2- de su aeropuerto Chhatrapati Shivaji (algo que faltaba en la capital económica del país). La ha diseñado el estudio estadounidense SOM basándose en las tradiciones estéticas del subcontinente y homenajeando a los pavos reales. El resultado es fabulos... algo así como el Taj Mahal de los aeropuertos.

Aeropuerto Chhatrapati Shivaji.

6. Pulkovo (San Petersburgo, Rusia)

Difícil, si no imposible, es competir con el Ermitage pero la recién estrenada terminal del aeropuerto Pulkovo de San Petersburgo es tan imperial como la joya de los zares. Su espectacularidad ha corrido a cargo de los británicos Grimshaw -quienes nos habían conquistado con su Thermae Spa de Bath, así como con el aeropuerto de Zurich y el Incheon de Seúl-, quienes han creado un sofisticado techo interior de pliegues dorados.


Detalles del techo.

7. Queen Alia Airport (Amán, Jordania)

Ya nos lo contó Javier Mazorra en su blog Ventanilla o Pasillo tras su reciente viaje a Jordania: El país ha cambiado y mucho, algo que se percibe nada más pisar su aeropuerto, concretamente la nueva terminal que Foster -sí, otra vez- ha diseñado para el Queen Alia Airport, inspirándose en las jaimas de los beduinos.

Nueva terminal de Foster.


8. Bienvenidos a Georgia (Kutaisi, Georgia)

 Pongamos a Georgia en el mapa, en el mapa de la arquitectura, porque es tanto lo que está haciendo en tal materia este país estratégicamente emplazado entre Europa y Asia que es digno de estudio, de estudio de campo. En Kutaisi -la segunda ciudad más importante del país, a unos 200 kilómetros de Tiblis, la capital- le recibirá el nuevo aeropuerto firmado por los holandeses UNStudio, que ya habían dejado su impronta en el aeropuerto Changi de Singapur.


Lo último de UNStudio.




Fuente: Ocholeguas




Equipaje de mano




 
¿Cuánto equipaje de mano podemos llevar al viajar?


El estudio llevado a cabo por Skyscanner, el comparador de vuelos, hoteles y alquiler de coches de referencia mundial revela que 9 de cada 10 viajeros* preferirían que se regulase un estándar internacional sobre el tema de “equipaje de cabina”.

Según el estudio, 3 de cada 10 pasajeros han tenido que pagar alguna vez un cargo extra por su equipaje que no contemplaba inicialmente.

Easyjet e Iberia no ponen limitaciones por peso. En cambio Thomas Cook o Thomson Airways sólo permiten llevar hasta 5 kilos de equipaje de mano.

La encuesta realizada a una muestra de más de 2.500 viajeros, dice que existe una gran confusión en cuanto a los cargos extras que hay que pagar en caso de no cumplir con las normativas específicas de cada aerolínea: el 27 por ciento de los pasajeros ha tenido que pagar alguna vez un cargo adicional por su equipaje a la hora de viajar.
No hay acuerdo internacional en los criterios

A pesar de las directrices marcadas por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), las aerolíneas son libres de imponer sus propias restricciones de tamaño y peso en el equipaje, lo que ha dado como resultado un vacío de diferencias entre unas compañías y otras, y ha llevado a la confusión de los pasajeros al no contar con normas claras a la hora de viajar.

Easyjet por ejemplo, es la compañía que más limita las restricciones por dimensiones del equipaje, con sólo 50x40x20 centímetros mientras que Thomas Cook o Thomson Airways, tan sólo permiten un peso máximo de 5 kilos, algo que generalmente es sobrepasado si se viaja con niños. En el otro extremo encontramos a Iberia que es la aerolínea más generosa con 56x45x25 centímetros y sin límite de peso, seguido de cerca por British Airways, cuyas restricciones en el equipaje de mano ascienden a 23 kilos de peso.

El estudio del comparador demuestra que los pasajeros están cada vez más habituados a estos costos extras con los que algunas aerolíneas acostumbran a sorprendernos, y que se esfuerzan en encontrar métodos que sorteen estos cargos, como ponerse encima las ropas más pesadas o llevar una bolsa adicional de compras del duty free. En un esfuerzo por proporcionar algo de claridad a los clientes y reducir el número de pasajeros que son víctimas de estos cargos extra, Skyscanner ha creado una guía con las restricciones de equipaje de cabina de principales compañías aéreas europeas.

El responsable de Marketing de Skyscanner España, Ángel Guirao, señala que “Creemos que viajar debe ser lo más sencillo posible. Que cada compañía aérea tenga sus propios criterios de peso y tamaño en el equipaje no ayuda al viajero y a menudo supone gastos y complicaciones adicionales. Nuestra intención es aportar luz a los pasajeros para que tengan un mayor conocimiento de las condiciones de cada compañía y así mejore su experiencia de vuelo".


Fuente: Pulsoturistico